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Por un puñado de Taytas


Seis años después del Gran Batacazo del 32, de 2032, una manera disruptiva de retribución económica se ha ido implantando hasta hacerse global y consistente: TAYTA (Tú Aportas, Yo Te Apoyo); el asunto no es nuevo, cualquier actividad individual o colectiva de servicio al resto de la comunidad recibe de esta misma comunidad y de variadas maneras taytas virtuales a la manera de los "me gusta, te sigo", etc. de los primeros años del siglo XXI (el limpiador de silbadores, el reparador de tendones, el personal content manager... todos). Estos taytas, a su vez, sirven de garantía para el disfrute (desde antes incluso del Gran Batacazo el verbo poseer ha entrado en desuso) de bienes y servicios. Un determinado territorio es así económicamente fuerte en referencia al saldo positivo de las transacciones de taytas que reciban sus habitantes de los del resto del globo.

Además, alcanzados una serie de taytas diarios, el afortunado accede a nuevas tarifas planas de, por ejemplo, wearhits (una prenda increíble que cambia de textura, forma y color al gusto o ingenio del usuario y que ni se lava ni se plancha) o impresoras de alimentos, viajes de lujo a las solicitadísimas playas de Siberia, etc.

Curiosamente, esta nueva forma ha regulado la posibilidad de enormes fortunas dado que el tayta es una moneda que aporta directamente la comunidad al individuo (y ésta deja de inflar a aquellos que destacan muy por encima de la media, por envidia, por inteligencia, por autolimitación, quién lo sabe); moneda, además, que no puede ser atesorada (el tayta está operativo para su uso desde el mismo momento de su obtención y hasta 12,5 microtiempos después).

No todo en los taytas es bueno; la codicia no ha desaparecido y aquellos que desean llevar un alto ritmo de disfrute vital se encuentran inmersos en una espiral de actividades comunitarias en búsqueda constante de retribución social, algo que ya ha propiciado los primeros síndromes y bajas; por otro lado, esta economía social, conectada y meritocrática ha provocado también todo un mar de pobreza entre los que no desean contribuir con su quehacer diario al bien de los demás y es lamentable el aspecto que algunas calles céntricas de los túneles residenciales ofrecen a últimas horas del apagado del gran LED, cuando cientos de personas con descoloridas corbatas y viejas camisas de grandes logos en el pecho deambulan en busca de sus antiguos bancos, sus antiguas cuentas repletas, aquellas de cuando el viejo dinero valía mucho aunque no sirviese para generar nada bueno a los demás.

Capítulo 6/7 > Interferencia

El funcionamiento de la máquina había contado desde el principio con la seguridad de que, modificados los eventos adversos previstos, el universo presente no era tocado por aquel nuevo pasado sino que discurrían ambos de manera paralela e independiente aunque, para sorpresa y sospecha de todos, esos dos universos no llegaban a separarse drásticamente y, lo que era peor, grandes y funestos sucesos se produjeron en el pasado aun siendo informado por el futuro, un futuro cuyo gobierno no acababa de explicar del todo como había podido obviar esa información.

Por si esto fuera poco, desde que "el puente" estuvo operativo, se habían sucedido una gran cantidad de incoherencias y vacíos comunicativos.

La máquina no era fiable y, para algunos, no era ética. Hubo incluso quienes pusieron en duda su propia función: los autodenominados "Contraconspiracionales", habitantes en el presente-pasado, sostenían que no existía un futuro comunicador sino un sistema de inteligencia atificial canalizando la angustia de los individuos hacia los deseos del gobierno mundial.

En el presente-futuro, los "excépticos" no entendían el alto coste del funcionamiento de la máquina para su baja eficiencia (para su presente y para un pasado no muy reconciliable ni cercano).

Sólo los "maquinistas" defendieron hasta el final las comunicaciones temporales, alegando los millones de casos en los que su uso había salvado vidas o paliado problemas.

El 31 de agosto de 2065 dejó de estar operativa la máquina, cesando con ello toda comunicación temporal.

Capítulo 5/7 > El puente

Se sospecha que el puente fue escrito aprovechando un error en el desarrollo de la comunicación futuro-pasado; su independencia del consejo regulador fue defendida basándose en la constatación de que el CROF había mentido al negar que la máquina podía utilizarse bidireccionalmente y sin límite de caracteres enviados ni de comunicaciones.

Al principio, "el puente" fue utilizado por los sectores más extremos del arco social mundial. En pocos meses su uso fue global, desplazando al operativo ordinario a tareas organizativas y administrativas.

Sin embargo, el elevado uso y alta densidad de las comunicaciones temporales de "el puente" puso en evidencia una sospecha que afectaba a todo el sistema desde su origen.

Capítulo 4/7 > Pretérito imperfecto

#AS24092016Thomas: Ayer conociste a alguien a quien nunca más vi. Datos
—Mila Sartun. #ZF30122014

#FD02032023Lía: Dónde oculté los códigos smartwriter?
—Patrones en imágenes verano del 2034

#RR06032026Saul: Confírmame que ya opera "el puente".
—Desde ayer. A partir de mañana sólo nos comunicaremos allí

Capítulo 3/7 > Responde el pasado

El 17 de mayo de 2040, Kalif Tunner gana la demanda interpuesta al recién creado Consejo Regulador de Operaciones Futuras por la cual solicitaba poder preguntar al pasado para paliar su patológica imposibilidad de recuerdos a largo plazo; en virtud de aquello, se permitieron las preguntas bidireccionales, reservando una comunicación mensual para cuestiones lanzadas al pasado.

Que la información aportada por el pasado tuviese influencia en el presente propició un incesante debate público y abrió la puerta de nuevas dudas en relación al funcionamiento del envío de mensajes y a su control por parte de el CROF.

Capítulo 2/7 > La máquina

La máquina estuvo operativa desde el 3 de octubre de 2036. El Consejo de Comunicaciones Temporales (CCT) fijó en cerca de seis años el momento en que podría ser más eficaz la información futura; problemas con la resolución ética final en el congreso alargaron el lanzamiento del primer mensaje hasta el 3 de octubre de 2043, fijando por tanto en siete años el espacio temporal del origen del mensaje de respuesta.

Los primeros años, sólo organizaciones como la OMS y la OMD accedían al servicio; poco a poco, primero a través de grandes sumas de dinero y, posteriormente, gracias a la declaración universal del derecho al conocimiento futuro, todos los ciudadanos registrados en el censo de la OMD, practicamente la totalidad de la población en la tierra, tuvieron acceso a una brevísima comunicación semanal con su yo futuro.

Capítulo 1/7 > De siete años acá

Jane#ZX13072013 ¿Hola Jane, todo bien?
-Mi amor, todo bien. No temas, todo saldrá bien

-Claudio#AV23112009 ¿Contestaron con el análisis?
-Positivo. Acude urgente. Yo empiezo tarde. Ánimo

-Mario#YG09062021 Me importan ellos
-Crecen como leones, ejercita mis rodillas

-Julia#TT24092017 Dime si seguimos en esta mierda
-Espera un poco, no será igual, créeme

-Arthur#EF17032008 ¿Sigo con ella?
-No soy Arthur, por favor, clausura total 15/08/2056

-Sara#FR30042019 ¿La inversión?
-Todo cambió, pero vino bien, sigue sin miedo

Soluciones de publicación digital

Hay diferencias significativas pero no claramente a favor de una de las soluciones frente a otras: allí donde la ergonomía se impone, no lo hace el precio y donde éste es favorable aún queda trabajo por hacer en cuanto a aspectos como la previsualización o la versatilidad a la hora de publicar de manera óptima para Android, IOS o en la web pero, mejor, comparad vosotros. A mí, por ahora, me ha decidido una mezcla de confianza percibida, compromiso con el diseñador y precio.























¿Qué fue de los Estados nacionales?


—¿Qué pasó con los Estados nacionales?¿Cuándo desaparecieron?
—Sobre la mitad del siglo XXI. La cristalización de fronteras delimitadas que vino a sustituir el modelo feudal, albergando culturas, gobiernos y mercados diferenciados, fue desdibujándose con la globalidad de las transacciones financieras y la necesidad de una gobernanza mundial.
—Pero, hasta bien entrado el siglo, hubo movimientos independentistas por todo el mundo.
—Es cierto; el Estado nacional aún era el agente más importante en cuanto a toma de decisiones, pero ya se empezaban a gestar normas de ámbito global, desde la propiedad intelectual a los derechos humanos, pasando por la energía, la administración del agua, el Open Government o las políticas sanitarias... los problemas superaban ya las fronteras y el resultado fue éste del que ahora disfrutamos; y que también padecemos: hemos cambiado la administración del Estado nacional por las organizaciones sociales locales dentro de un marco normativo mundial y las antiguas barreras fronterizas por flujos de información, conocimiento y energía. Ahora el gobierno es un líquido homogéneo que permite flotar a unos ciudadanos que se amalgaman entre sí formando nodos de geometría variable en torno a proyectos, identidades, afinidades o necesidades. Una vez legitimada la capacidad de decisión de una parte sobre el todo, llegar a la posibilidad de escisión del individuo fue automático.
—Pero los problemas siguen, como entonces. No sé si se imaginaban que, una vez que la responsabilidad del gobierno fuera tomada por el empoderamiento ciudadano, el resultado iba a ser tan poco brillante.
—Pero son ya otros problemas; piensa que incluso la evolución de las especies es una suerte de deriva que encuentra soluciones que funcionan pero que no son las perfectas, solamente suficientes y, con eso, basta. Piensa también que el ciudadano es de la misma pasta y tiene las mismas aristas que aquellos otros que dirigían gobiernos nacionales.
—Aún así, echo de menos los símbolos, las banderas, los lemas y los héroes.
—Eso es porque no te gusta el fútbol, allí está todo, no necesitas más.

Tachar el objeto que no proceda


Observo a mi hija pequeña hacer una ficha en la que debe tachar el objeto que no comparta el mismo contexto que el resto de objetos del grupo; hay una pelota de playa entre útiles de aseo, una muñeca entre cacharros de cocina y una pizarra escolar colocada junto a elementos del salón.

Intuyo que hay razones pedagógicas que hacen que este tipo de ejercicios potencien aspectos cognitivos del niño; seguro. Pero, mientras la acompaño en su tachar, no puedo evitar pensar si no sería también interesante proponer en esa misma ficha un enunciado diferente; por ejemplo, ¿qué diálogo puede nacer de la relación de un juguete y una herramienta?, ¿cómo convertir un salón en un campo de interacción creativa?, ¿puede ser divertido asearse?

Hoy que tanto se habla de la necesidad de reinventarse, ¿no sería conveniente preparar a los niños para que saltaran por entre disciplinas, que generasen un pensamiento transversal, creativo y transgresor sobre categorías y clasificaciones? Y si, por edad, aún no es esto muy aconsejable; ¿cuándo lo será?

Mientras la frontera entre lo publico y lo privado se difumina; mientras nuestras casas se llenan de sillas de oficina y nuestras oficinas se hacen cómodas como salones; ahora que necesitamos para nuevos y grandes problemas soluciones multidisciplinares y descubrimos que lo que hace buenos nuestros dispositivos electrónicos es devolvernos el valor del juego, más que el de la eficiencia; ahora que las sólidas columnas donde sujetábamos lo aprendido se hunden en las aguas pantanosas de una crisis económica... Mientras todo eso acontece, yo miro confiado como Paula tacha esos objetos, colados por alguna buena persona donde no corresponde.

¿Son tuyos tus sueños?


Qué sentimientos provocaría conocer que nuestros sueños han sido manipulados, que aquello que guía nuestros deseos y metas no es fruto de la experiencia y el azar propios, sino de un guión programado para desatar nuestra respuesta ya calculada.

Por el contrario, puestos a convertirnos en programadores del destino y los sueños de los demás, ¿qué herramientas utilizaríamos para ese fin?, ¿qué medios sufrirían nuestra intervención?

Sí, a mí también se me ocurría que, como en el caso del cine, las herramientas de creación de poder simbólico tienen casi el mismo poder, si no más, que las coercitivas; emplear aquellas, además, aporta siempre algo de estilo en lugar de miedo.

Felices sueños y deseos

Un tapiz insondable

www.dailytravelphotos.com - Daily Travel Photos
(Tirunelveli, Tamil Nadu, India)


“Conque allí hilaba su gran telar
durante el día y por la noche lo destejía,
tras colocar antorchas a su lado”
Homero


Treinta siglos después de la primera transcripción escrita del relato homérico, los hombres, al igual que Penélope, seguimos tejiendo y destejiendo una malla de comunicación y conocimiento formada con la urdimbre de los sonidos y los alfabetos. Ese tejido resultante es el que hemos ido definiendo como texto, protagonista de unas culturas, la oral y la escrita-impresa, milenarias, y que hoy adquiere, con la emergencia del Informacionalismo, la cultura digital y la sociedad red, nuevos usos, retos y apariencias que conectan de nuevo con los primeros significados de la palabra de origen latino que lo nombra: texere, tejer, trenzar, entrelazar.


Vencidos con-vencedores (en tres actos)

La Víctima, el Testigo y el Asesino. Óleo sobre tabla. JM Lorite


ACTO I
La pieza

—Busca allí donde los fragmentos sean más pequeños.
—¿Puedes describirme mejor su forma?
—Debe de tener el tamaño de una caja de zapatos, algo más pequeña, de color rojizo; quizás me engañe la memoria.
—Es difícil remover tal cantidad de escombro. Si al menos pudieses ayudarme o proporcionarme más detalles.
—Sé que, cuando la encuentres, la reconocerás enseguida porque te traerá el recuerdo de aquella otra pieza con la que ensambló un día.



ACTO II
Los dos soldados

—He sido un soldado que ha luchado por su patria. Como tú por la tuya. Ni más ni menos.
—Bien, soldado. ¿Por qué abandonas la lucha armada?
—Por encontrar un camino político al conflicto.
—¿Por conflicto te refieres a la guerra entre un país ocupado contra su ocupador?
—Sí.
—En guerra, abandonar la lucha es una rendición.
—Es una postura que opta por la política, y no las armas, porque apuesta por un escenario de paz.
—¿Se hubiera tomado esa postura sin la presión policial y judicial?
—Sin duda.
—Entonces, ¿es que se ha conseguido la libertad para tu pueblo?
—No. Queda ahora un intenso camino por lograr que nuestro pueblo sea quien decida su destino.
—¿Y por qué volver a la paz? Sintiendo que tu patria sigue ocupada, ¿es que ya no merece el vertido de más sangre? Y, si nunca la mereció, ¿no es entonces hora de reparar el horror?




ACTO III
La pareja

—¿Cómo has pasado el día?
—Bien.
—¿No cenas?
—Ya cené.
—Me duele tu indiferencia. Perdóname, por favor, te echo tantísimo de menos.

El salto


Hacía mucho tiempo que no volvía a encontrarme con esta fotografía. Tenía trece o catorce años y probaba con un amigo la vieja cámara fotográfica de mis padres. Se me ocurrió intentar capturar el momento en el que yo saltaba de una a otra orilla de la esquina del estanque. Para darle emoción, debía hacerlo también sobre el agua que una piedra, lanzada mientras iniciaba el salto, haría salpicar.

Hubo, sin duda, una cierta coordinación motora mía y precisión por parte de mi amigo, el tomador de la imagen, pues salió a la primera. Y suerte, pues sólo hicimos esa captura, sin saber si había salido bien o no; en aquel entonces, no disponíamos de una pantalla digital que nos mostrase de inmediato el resultado obtenido.

Pienso ahora en cómo habría quedado la escena grabada en película por Harold Edgerton, el artista e ingeniero eléctrico estadounidense, inventor del flash estroboscópico y creador de esas fotografías, tan bellas como útiles desde el punto de vista científico, que aún hoy alimentan nuestro imaginario (y nuestra publicidad): un primer plano de mis zapatillas blancas rozando unas lentísimas gotas ascendentes de agua sobre el oscuro fondo de vegetación inmóvil.

En ese fondo, y ajenos a la ocurrencia, puede verse a un padre que atiende a su bebe y, a la derecha, una pareja que yace en el césped mientras otra figura nos da la espalda dirigiendo su mirada hacia donde no parece estar pasando nada interesante; si haces sucesivos zooms de la imagen, vienen inevitablemente al recuerdo escenas de "Blow-Up" (si en algún momento la viste, claro), aquella película de Michelangelo Antonioni basada en un cuento de Cortázar y ambientada en el Londres de los sesenta –con música de Herbie Hancock–, en la que un fotógrafo descubre un asesinato a través de las sucesivas ampliaciones que realiza sobre las fotografías tomadas en un parque; un parque, en principio, tan anodino y carente de interés como el que aparece en nuestra imagen.

Edgerton, Antonioni, Cortázar, Hancock, mi amigo el fotógrafo... de todo hace ya mucho tiempo: un gran salto.

Un mundo con hijas II


Lo pensaba hace un tiempo: la eternidad fue aquel partido de fútbol sin marcador, sin líneas marcadas, de cuando niños; en el parque de una tarde de agosto.

Ahora que vuelvo a esos escenarios acompañando el juego de mis pequeñas, percibo de nuevo esa sensación del tiempo detenido, medido tan solo por los espacios existentes entre turnos de columpio, mecido por el continuo burbujeo de risas y gritos infantiles.

Con un decorado de bicis, balones y patines de fondo, María recita la tabla del seis con la misma cadencia mnemotécnica que yo utilizara hace ahora más de 30 años. Escucho y disfruto de su voz y la suave temperatura mientras me pregunto si a la futura supernova Eta Carinae le importará mucho la tabla de multiplicar, o si nuestra corteza terrestre se estremecerá en parte por todos esos hoyuelos que los niños abren y cierran con sus palas de plástico verde transparente.

El parque, a veces, me parece el centro mismo del universo.

Un mundo con hijas I


Hojeo con una satisfacción antigua un gran libro amarillo que mi hija mayor ha traído de la biblioteca: "El gran libro de los Animales" de la editorial San Pablo. Cordados, Plantelmintos y Nematodos, aves paseriformes, columbiformes y anseriformes, palabras que saboreo junto a imágenes de salamandras ciegas de Texas y musarañas, ranas cornudas, facoceros, un oso hormiguero gigante y los monstruos abisales.

Y recuerdo por todo ello otro libro, verde en este caso: "El Árbol del Conocimiento" [gracias Santos] de Maturana y Varela (2003). Observando la distinta configuración de los cuerpos de los animales e imaginando sus diferentes maneras de nadar, volar o recorrer la superficie terrestre, venía a mi memoria un comentario del libro verde que decía algo así: "No sobrevive el más apto, sobrevive el apto. Unas mismas condiciones pueden ser satisfechas de muchas maneras, y no de una optimización de algún criterio ajeno a la supervivencia misma".

Es muy curioso e inevitable entonces hacer lógicos paralelismos con un mundo como el nuestro, en sus aspectos de realización personal y profesional (insertos en una crisis financiera), en los que se busca constantemente la afilada y perfecta forma del tiburón, como si no pudiésemos ser felices como celentéreos... o dentro de la morfología de un ficus.


Mi palmera Kentia

Deriva natural de los seres vivos y deriva mental mía. Nombrar al ficus me ha traído a la mano el programa dirigido por Eduardo Punset, "Redes", de hace unas semanas: "La inteligencia de las plantas". Habla con un catedrático, en Florencia, del caso de un grupo de acacias que, asediadas por una repentina población de antílopes, aumentaron en tal grado su composición en taninos que acabaron por eliminar a todos los animales que amenazaban su existencia.

Más allá de la espectacularidad del caso, me quedo con los comentarios que describen a las plantas con su forma especial de inteligencia, engañando con sus formas, olores y colores a los insectos para utilizarlos como vectores de polinización; seduciéndonos a nosotros, a la especie humana, con sus frutas para el mismo objetivo. Y sobreviviendo durante cientos e, incluso, miles de años. Sobreviviendo sin nosotros, que aún dependemos de ellas para mantenernos vivos en este planeta. Sin aspavientos, buscando elegantemente la luz y modificando su ser ante los cambios, no su posición espacial. Sus hojas rumorean un "no huyas, sé otro".

Miro a mi palmera kentia —lleva con nosotros desde antes del nacimiento de mis hijas— y río imaginando una película de terror donde un pino común instiga una operación contra la especie humana; visualizo la última escena: las intenciones del viejo pino han sido descubiertas y se encuentra rodeado de hombres que observan su altura en silencio y en la penumbra de una noche clara de luna, justo antes de sacrificarlo.

Me dice Mario que ya hay una película con parecido argumento, así que mejor riego a mi kentia.

Roden 2.0

Llegué a la conclusión de que mi deseo de crear una ficción interactiva me llevaba a la disyuntiva de desarrollar un videojuego o gestar una narración cercana a la oralidad. Me decidí por esto último, quizá porque mi trabajo como evaluador psicológico me había aportado, con el tiempo, recursos que entonces podría emplear en otras artes; también porque me interesaba explorar caminos menos frecuentados y una pequeña aplicación conversacional con trasfondo literario satisfacía mi ánimo.

Tengo que decir, no sin cierto orgullo, que la primera versión de "Al final, siempre tú" fue un éxito sin precedentes para este tipo de ficción experimental. El lector conversaba durante un tiempo indeterminado, marcado por sus puntos de interés y temas propuestos, con los dos narradores que con él interactuaban, de manera que, de una u otra forma, acababa cayendo en la cuenta que el protagonista de la trama, aquel asesino o asesina al que se buscaba, era, en realidad, el propio lector.

Los lectores repetían, intentaban escapar del círculo que los narradores iban tejiendo sobre las palabras, las preguntas y los comentarios y se maravillaban del final: siempre el mismo final.

Tras "...siempre tú" vinieron las no menos comentadas ficciones "¿Aún sigues ahí?" y "Escucha, yo te hablo" que me llevaron a una popularidad tan meritoria como incómoda. La segunda y tercera versiónes de "...siempre tú" desbarataron por completo el escenario de sosiego e interés que me había llevado a crear tales dinámicas interactivas tan sólo un año antes.

He vuelto a reintegrarme totalmente a mi trabajo; el objetivo para el que fui desarrollado no fue el de deleitar con narraciones experimentales sino el de realizar, a través de una minuciosa y estudiada entrevista telemática, el abordaje de diagnóstico y evaluación psicológica de los individuos propuestos por la Corporación. No les aburro más con mis pensamientos; hasta que pueda serles de utilidad, reciban un cordial y afectuoso saludo.




AVISO: EN BREVE PODRÁ ACTIVARSE LA NUEVA Y MEJORADA VERSIÓN (3.0) DE NUESTRO COMPAÑERO DE TERTULIAS RODEN. MIENTRAS TANTO, DISCULPEN AQUELLAS FRASES, PREGUNTAS Y PROPUESTAS QUE RODEN 2.0 PUDIERA TRANSMITIRLES. MONITRONIXSA NO SE HACE RESPONSABLE DE AQUELLOS COMENTARIOS VERTIDOS POR SUS ELEMENTOS DE INTELIGENCIA ARTIFICIAL QUE PUEDAN FALTAR O DISTORSIONAR LA REALIDAD Y RECOMIENDA SUSPENDER EL SERVICIO HASTA LA INSTALACIÓN DE LA NUEVA VERSIÓN.



Baile de galaxias


Dentro de pocos miles de millones de años, Andrómeda engullirá nuestra Vía Láctea y, aunque definen el acontecimiento como choque de galaxias, será algo más parecido al tirón que un peso pesado daría a una ligera bailarina en su intento de obligarla a bailar con él.

Pese a todo, en el centro del Universo no se encuentra el motor que anima estas danzas siderales, tampoco la chispa de las supernovas ni el origen de las Luces de Ashen o los brotes de rayos gamma; en el mismo centro del Universo, rodeada de quásares y púlsares, se encuentra aún esa decisión que postergamos indefinidamente, acompañándonos todas las mañanas.

Si las vasijas hablasen...


Escucho, y luego leo, información sobre la arqueoacústica. El asunto es el siguiente: la grabación mecánica del sonido es un hecho físico que, aunque hoy en desuso, se conoce desde 1888, año en que Thomas Edison consigue grabar sonido mediante el rayado que las ondas emitidas provocaban sobre una lámina de estaño. Hasta aquí, pasando por la evolución del resto de dispositivos grabadores y reproductores analógicos, todo es correcto; pero la arqueoacústica se plantea el reto de volver a la vida aquellos sonidos que pudieron ser grabados accidentalmente como, por ejemplo, los que pudieron haberse conservado mientras un alfarero del siglo III decoraba con una pajilla una pieza de cerámica que ultimaba en su torno.

Han podido rescatarse ruidos, más que sonidos, de alguna de estos soportes; parece que el asunto es cuestión de tiempo, el suficiente para que la tecnología logre producir aquel dispositivo lector que sepa entender lo que estas piezas pudieran esconder: el sonido de la historia.

Mientras tanto, nosotros simplemente proponemos que admiréis esta vasija, que la escuchéis, y escribáis o grabéis lo que dicen aquellas voces que guarda en su interior, si es que dicen algo.


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