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Y sí, conseguí dormirlas a todas

Descubro, a través de una entrada en Facebook del perfil de Jordi Savall, (violagambista, director de orquesta y musicólogo español, especializado en música antigua) la existencia de Alia Vox, el sello discográfico creado por Montserrat Figueras y él mismo en 1998. La portada del site ofrece una canción que me pareció preciosa y que me llevó al disco del que forma parte: "LE ROYAUME OUBLIÉ. La Tragedia Cátara. La Cruzada Albigense".

Mientras cenamos, recuerdo esta canción y le propongo a mi familia de mujeres escucharla, y con ella, la historia que recupera el disco: cátaros, matanzas político y religiosas, y un reino, el de Occitania (qué sería del apalabrados sin su "oc"), donde Al Andalus convive con Bizancio y los trovadores florecen; también las trovadoras, como la misteriosa condesa Beatriz de Día cuyo cantar interpreta, de manera magistral, Montserrat Figueras.

escuchar A chantar m'er de so 

Como quiera que las veo aburridas mientras hablamos de música bizantina, busco la proyección que para el 1100 aniversario del Reino de León hiciera Xavier de Richemont; la habíamos visto hacía tan solo unos días (sobre ese bellísimo soporte que es la basílica de San Isidoro de León) y para ella, Xavier había compuesto una música con reminiscencias bizantinas también. Quería recuperar su atención con algo conocido; sin éxito.

ver y escuchar ahora el comienzo de esa proyección

Quería meterlas en ambiente y debía recurrir a quien no pudiera fallarlas; con la excusa de la fusión entre oriente y occidente, me vino a la memoria las palabras de Avishai Cohen en aquel estupendo programa que fue Entre2aguas, dirigido por Javier Limón: cuenta como Paco de Lucía le habló de la enorme influencia judía sefardí para el flamenco. Y buscando en Youtube la rumba "Entre dos aguas" del mismo Paco de Lucía que convirtió el cajón peruano ya para siempre en el cajón flamenco, doy con versiones cada una distinta de la otra, hasta tal punto que dejo de buscarla y disfruto de alguna que no conocía, como esta a duo con Larry Coryell:

escuchar esta versión de "Entre dos aguas"

No abundé más porque no había clima, pero yo sí recordaba una espectacular intervención de Husnu Senlendirici en aquel programa de Javier Limón:

visiona (si quieres, a partir del minuto 23) la intervención de Husnu Senlendirici en el programa de "Entre2aguas"

Toda esa música, con sus voces melismáticas y sus instrumentos sin trastes, ritmos rotundos y primigenios, de melodías continuas y armonías tan atractivas para mí me dibujan un "Oriente" conceptual, vasto por desconocido, una música que me llevaba a pensar en si no compartiría los mismos recursos de choque, tan extraños para occidente, que la casa tradicional japonesa, haciendo sufrir la entrada de la luz, sometida por sus largos aleros, atenuada por las paredes de papel para ser finalmente recuperada en el tenue brillo de una laca dorada al fondo de una habitación en sombra...

Y no es que haya estado en Japón, es que hace unos días que leí "El elogio de la sombra", el delicioso libro de Junichiro Tanizaki. Libro que, me apuesto sin saberlo, tuvo que haber leído el Chillida que también leyera (eso sí es conocido) "Zen en el arte del tiro con arco"; y es que del mismo modo que Tanizaki describe el camino por el que Oriente dibuja su belleza, Chilllida se acerca a ella: buscando la luz en la sombra y el vacío en la acumulación de materia. O como aquella música, también telúrica y ancestral, oscura y luminosa, flujo de voz y golpe de latido.

Pero es tarde y se acaba la noche; mientras escribo, suena el disco de flamenco jazz "Desvaríos" de Jorge Pardo y El Bola y me hace gracia reconocer en esos desvaríos los míos.

Y sí, conseguí dormirlas a todas.


Tachar el objeto que no proceda


Observo a mi hija pequeña hacer una ficha en la que debe tachar el objeto que no comparta el mismo contexto que el resto de objetos del grupo; hay una pelota de playa entre útiles de aseo, una muñeca entre cacharros de cocina y una pizarra escolar colocada junto a elementos del salón.

Intuyo que hay razones pedagógicas que hacen que este tipo de ejercicios potencien aspectos cognitivos del niño; seguro. Pero, mientras la acompaño en su tachar, no puedo evitar pensar si no sería también interesante proponer en esa misma ficha un enunciado diferente; por ejemplo, ¿qué diálogo puede nacer de la relación de un juguete y una herramienta?, ¿cómo convertir un salón en un campo de interacción creativa?, ¿puede ser divertido asearse?

Hoy que tanto se habla de la necesidad de reinventarse, ¿no sería conveniente preparar a los niños para que saltaran por entre disciplinas, que generasen un pensamiento transversal, creativo y transgresor sobre categorías y clasificaciones? Y si, por edad, aún no es esto muy aconsejable; ¿cuándo lo será?

Mientras la frontera entre lo publico y lo privado se difumina; mientras nuestras casas se llenan de sillas de oficina y nuestras oficinas se hacen cómodas como salones; ahora que necesitamos para nuevos y grandes problemas soluciones multidisciplinares y descubrimos que lo que hace buenos nuestros dispositivos electrónicos es devolvernos el valor del juego, más que el de la eficiencia; ahora que las sólidas columnas donde sujetábamos lo aprendido se hunden en las aguas pantanosas de una crisis económica... Mientras todo eso acontece, yo miro confiado como Paula tacha esos objetos, colados por alguna buena persona donde no corresponde.

Un mundo con hijas II


Lo pensaba hace un tiempo: la eternidad fue aquel partido de fútbol sin marcador, sin líneas marcadas, de cuando niños; en el parque de una tarde de agosto.

Ahora que vuelvo a esos escenarios acompañando el juego de mis pequeñas, percibo de nuevo esa sensación del tiempo detenido, medido tan solo por los espacios existentes entre turnos de columpio, mecido por el continuo burbujeo de risas y gritos infantiles.

Con un decorado de bicis, balones y patines de fondo, María recita la tabla del seis con la misma cadencia mnemotécnica que yo utilizara hace ahora más de 30 años. Escucho y disfruto de su voz y la suave temperatura mientras me pregunto si a la futura supernova Eta Carinae le importará mucho la tabla de multiplicar, o si nuestra corteza terrestre se estremecerá en parte por todos esos hoyuelos que los niños abren y cierran con sus palas de plástico verde transparente.

El parque, a veces, me parece el centro mismo del universo.

Un mundo con hijas I


Hojeo con una satisfacción antigua un gran libro amarillo que mi hija mayor ha traído de la biblioteca: "El gran libro de los Animales" de la editorial San Pablo. Cordados, Plantelmintos y Nematodos, aves paseriformes, columbiformes y anseriformes, palabras que saboreo junto a imágenes de salamandras ciegas de Texas y musarañas, ranas cornudas, facoceros, un oso hormiguero gigante y los monstruos abisales.

Y recuerdo por todo ello otro libro, verde en este caso: "El Árbol del Conocimiento" [gracias Santos] de Maturana y Varela (2003). Observando la distinta configuración de los cuerpos de los animales e imaginando sus diferentes maneras de nadar, volar o recorrer la superficie terrestre, venía a mi memoria un comentario del libro verde que decía algo así: "No sobrevive el más apto, sobrevive el apto. Unas mismas condiciones pueden ser satisfechas de muchas maneras, y no de una optimización de algún criterio ajeno a la supervivencia misma".

Es muy curioso e inevitable entonces hacer lógicos paralelismos con un mundo como el nuestro, en sus aspectos de realización personal y profesional (insertos en una crisis financiera), en los que se busca constantemente la afilada y perfecta forma del tiburón, como si no pudiésemos ser felices como celentéreos... o dentro de la morfología de un ficus.


Mi palmera Kentia

Deriva natural de los seres vivos y deriva mental mía. Nombrar al ficus me ha traído a la mano el programa dirigido por Eduardo Punset, "Redes", de hace unas semanas: "La inteligencia de las plantas". Habla con un catedrático, en Florencia, del caso de un grupo de acacias que, asediadas por una repentina población de antílopes, aumentaron en tal grado su composición en taninos que acabaron por eliminar a todos los animales que amenazaban su existencia.

Más allá de la espectacularidad del caso, me quedo con los comentarios que describen a las plantas con su forma especial de inteligencia, engañando con sus formas, olores y colores a los insectos para utilizarlos como vectores de polinización; seduciéndonos a nosotros, a la especie humana, con sus frutas para el mismo objetivo. Y sobreviviendo durante cientos e, incluso, miles de años. Sobreviviendo sin nosotros, que aún dependemos de ellas para mantenernos vivos en este planeta. Sin aspavientos, buscando elegantemente la luz y modificando su ser ante los cambios, no su posición espacial. Sus hojas rumorean un "no huyas, sé otro".

Miro a mi palmera kentia —lleva con nosotros desde antes del nacimiento de mis hijas— y río imaginando una película de terror donde un pino común instiga una operación contra la especie humana; visualizo la última escena: las intenciones del viejo pino han sido descubiertas y se encuentra rodeado de hombres que observan su altura en silencio y en la penumbra de una noche clara de luna, justo antes de sacrificarlo.

Me dice Mario que ya hay una película con parecido argumento, así que mejor riego a mi kentia.

Explorando un nuevo mundo


Mi hija pequeña está a punto de cumplir dos años. Sus habilidades cada vez son más evidentes y ayer, en el parque, ya no hizo falta que le ayudase para subir al tobogán, bajar por él o para atravesar la malla de cuerdas, hasta hace poco, un obstáculo insalvable para su destreza... Ante ella se extienden nuevos mundos: unos espaciales, como el parque y sus alrededores; otros, tienen que ver con su propia identidad y con la de los otros a los que empieza ya a tener en cuenta y, por lo tanto, a desarrollar lo que ella será como persona...

Hace cuarenta años que nací, cuarenta años que comencé a construir mi mundo a través de experiencias, límites y conocimiento de los otros; cuarenta años también que, como especie, visitamos y exploramos la Luna.

Mi hija es un universo inabarcable.


Obviamente, yo soy el escarabajo y tú, la mariposa

Como no podía ser de otra manera, mi hija mayor, además de ser la niña más guapa del mundo, es poseedora de una inteligencia por encima de la media, tan sólo equiparables a la belleza e inteligencia de su hermana, mi hija pequeña.

Pues aquella, la mayor, me vio trazando esquemas sobre una hoja de papel y me dijo: "dame el bolígrafo que yo también voy a hacerte unos esquemas..."

En medio minuto hizo exactamente esto:


Como no quise interpretar, basándome en el esquemita, el lugar que, según su percepción, cada uno de sus padres ocupábamos en la familia, valoré sólo sus ganas de aprender y lo bien resuelto de su diagrama.

Animada entonces siguió dibujando, realizando rápidamente el segundo esquema. Este:


Teniendo en cuenta que su insecto preferido es la mariquita y que está colocada en la misma posición donde estuviera ella en el primero de los diagramas, obviamente podemos deducir que su madre no es otra que la bella mariposa; yo estuve a punto de quejarme por ser el escarabajo hasta que observé que, en el lugar que antes ocupara su hermana pequeña, se encontraba ahora la temida y dolorosa, por experiencia propia, avispa.

Pero repito: por mucho que su madre entienda ser centro, paraguas y sostén de la familia, y vaya pavoneándose por ahí de tener unas policromáticas y preciosas alas, no seré yo el que ande sacando interpretaciones fundadas a la luz de un esquema circunstancial y anecdótico; y yo, a lo mío, rodando esta bola que me traigo entre manos.

Tuliprincesa

© JM Lorite Fonta | Todos los derechos reservados
María dibuja corazones con olas o nubes, truenoavispas y un oso pero en inglés; inspirado por sus experimentos, de un tulipán he sacado una princesita...

Del garabato al monigote


María había pasado semanas garabateando sobre páginas y páginas, en una expansión cinética descontrolada en la que el ojo era el que seguía a su mano; su satisfacción era doble, provocada por el placer del movimiento y por la sorpresa y emoción de crear algo que antes no existía, casi siempre, madejas de líneas de color.

Una tarde, las madejas desaparecieron; en su lugar, el plano vacío se ocupó con formas cerradas: óvalos, rectángulos... el ojo ya conducía su mano. Interrumpía voluntariamente algunas de las líneas para continuar después de pasar "detrás" de alguno de los espacios cerrados. Las líneas, horizontales y verticales se cortaban produciendo intersecciones en las que se alojaba entonces un arco, una esquina. Una vez terminados, María explicaba lo que había dibujado sin que existiera ningún tipo de semejanza formal con lo nombrado. Estos dibujos, los más deliciosos desde mi punto de vista estético, me sugieren topologías, espacios arquitectónicos, planos, esquemas...

Poco tiempo después, aparecieron los monigotes
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