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Tachar el objeto que no proceda
Observo a mi hija pequeña hacer una ficha en la que debe tachar el objeto que no comparta el mismo contexto que el resto de objetos del grupo; hay una pelota de playa entre útiles de aseo, una muñeca entre cacharros de cocina y una pizarra escolar colocada junto a elementos del salón.
Intuyo que hay razones pedagógicas que hacen que este tipo de ejercicios potencien aspectos cognitivos del niño; seguro. Pero, mientras la acompaño en su tachar, no puedo evitar pensar si no sería también interesante proponer en esa misma ficha un enunciado diferente; por ejemplo, ¿qué diálogo puede nacer de la relación de un juguete y una herramienta?, ¿cómo convertir un salón en un campo de interacción creativa?, ¿puede ser divertido asearse?
Hoy que tanto se habla de la necesidad de reinventarse, ¿no sería conveniente preparar a los niños para que saltaran por entre disciplinas, que generasen un pensamiento transversal, creativo y transgresor sobre categorías y clasificaciones? Y si, por edad, aún no es esto muy aconsejable; ¿cuándo lo será?
Mientras la frontera entre lo publico y lo privado se difumina; mientras nuestras casas se llenan de sillas de oficina y nuestras oficinas se hacen cómodas como salones; ahora que necesitamos para nuevos y grandes problemas soluciones multidisciplinares y descubrimos que lo que hace buenos nuestros dispositivos electrónicos es devolvernos el valor del juego, más que el de la eficiencia; ahora que las sólidas columnas donde sujetábamos lo aprendido se hunden en las aguas pantanosas de una crisis económica... Mientras todo eso acontece, yo miro confiado como Paula tacha esos objetos, colados por alguna buena persona donde no corresponde.
Publicado por
JM Lorite
Etiquetas:
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un mundo con hijas
Explorando un nuevo mundo
Mi hija pequeña está a punto de cumplir dos años. Sus habilidades cada vez son más evidentes y ayer, en el parque, ya no hizo falta que le ayudase para subir al tobogán, bajar por él o para atravesar la malla de cuerdas, hasta hace poco, un obstáculo insalvable para su destreza... Ante ella se extienden nuevos mundos: unos espaciales, como el parque y sus alrededores; otros, tienen que ver con su propia identidad y con la de los otros a los que empieza ya a tener en cuenta y, por lo tanto, a desarrollar lo que ella será como persona...
Hace cuarenta años que nací, cuarenta años que comencé a construir mi mundo a través de experiencias, límites y conocimiento de los otros; cuarenta años también que, como especie, visitamos y exploramos la Luna.
Mi hija es un universo inabarcable.

