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Obviamente, yo soy el escarabajo y tú, la mariposa

Como no podía ser de otra manera, mi hija mayor, además de ser la niña más guapa del mundo, es poseedora de una inteligencia por encima de la media, tan sólo equiparables a la belleza e inteligencia de su hermana, mi hija pequeña.

Pues aquella, la mayor, me vio trazando esquemas sobre una hoja de papel y me dijo: "dame el bolígrafo que yo también voy a hacerte unos esquemas..."

En medio minuto hizo exactamente esto:


Como no quise interpretar, basándome en el esquemita, el lugar que, según su percepción, cada uno de sus padres ocupábamos en la familia, valoré sólo sus ganas de aprender y lo bien resuelto de su diagrama.

Animada entonces siguió dibujando, realizando rápidamente el segundo esquema. Este:


Teniendo en cuenta que su insecto preferido es la mariquita y que está colocada en la misma posición donde estuviera ella en el primero de los diagramas, obviamente podemos deducir que su madre no es otra que la bella mariposa; yo estuve a punto de quejarme por ser el escarabajo hasta que observé que, en el lugar que antes ocupara su hermana pequeña, se encontraba ahora la temida y dolorosa, por experiencia propia, avispa.

Pero repito: por mucho que su madre entienda ser centro, paraguas y sostén de la familia, y vaya pavoneándose por ahí de tener unas policromáticas y preciosas alas, no seré yo el que ande sacando interpretaciones fundadas a la luz de un esquema circunstancial y anecdótico; y yo, a lo mío, rodando esta bola que me traigo entre manos.

Tuliprincesa

© JM Lorite Fonta | Todos los derechos reservados
María dibuja corazones con olas o nubes, truenoavispas y un oso pero en inglés; inspirado por sus experimentos, de un tulipán he sacado una princesita...

Del garabato al monigote


María había pasado semanas garabateando sobre páginas y páginas, en una expansión cinética descontrolada en la que el ojo era el que seguía a su mano; su satisfacción era doble, provocada por el placer del movimiento y por la sorpresa y emoción de crear algo que antes no existía, casi siempre, madejas de líneas de color.

Una tarde, las madejas desaparecieron; en su lugar, el plano vacío se ocupó con formas cerradas: óvalos, rectángulos... el ojo ya conducía su mano. Interrumpía voluntariamente algunas de las líneas para continuar después de pasar "detrás" de alguno de los espacios cerrados. Las líneas, horizontales y verticales se cortaban produciendo intersecciones en las que se alojaba entonces un arco, una esquina. Una vez terminados, María explicaba lo que había dibujado sin que existiera ningún tipo de semejanza formal con lo nombrado. Estos dibujos, los más deliciosos desde mi punto de vista estético, me sugieren topologías, espacios arquitectónicos, planos, esquemas...

Poco tiempo después, aparecieron los monigotes
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