
Para esa inmersión, habité durante unas horas un batiscafo, una pequeña nave con espacio para albergar tan sólo de mis hombros para arriba y con forma de cabeza caricaturizada: en mi caso, el cabezudo de un tal Luis Rico.


Fue muy especial esa transmutación en un personaje que se permitía ir saludando a todos y dejarse hacer fotos con cualquiera que se lo pidiera, siendo partícipe tanto del movimiento de la comitiva como de los que la miraban, observando escondido y con ojos de extraño el evento desde su mismo centro. Debo añadir más consideraciones a este interesante tipo de mirada, en esta misma entrada, más adelante en el tiempo.
Y lo recomiendo; no sólo el asistir a Genarín. Recomiendo buscarse un personaje (algunos lo tienen más fácil tras de una cámara o micrófono, tras una columna de opinión o cargo público). Buscarse un personaje y recorrer las calles atestadas de gente escudriñándolo todo como un recién llegado, sorprendiéndose por los gestos y el hablar; crearse un personaje y permitirse ser un tío simpático, dar el cante y dejarse ver, saludar a diestro y siniestro, aceptar la compañía de hasta entonces desconocidos...

Una grata experiencia, gracias Javi.
1 comentario:
Me alegra leer todo o parte de lo que paso por tu cabeza esa noche, saber que lo disfrutaste igual que lo disfrute yo el primer dia y lo sigo haciendo ahora, no olvides tu bautismo orujo-sacramental y el juramento-perjuramento que rezaste, un abrazo Juanmi.
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