8 de enero de 2008

Kanji, Chillida y gramil

La masiva densidad que poseen los agujeros negros no les hace, sin embargo, visibles como el resto de brillantes astros; su localización y densidad sale a la luz por la observación del número de estrellas y el movimiento que describen en torno a ese cuerpo oscuro.

De manera similar, Chillida logra dotar de masa y volumen el espacio vacio rodeándolo de potente masa pictórica o escultórica. Su monograma, su firma incisa o grabada, responde a ese principio que se descubre también en los kanjis japoneses, ideogramas que constituyen una de las principales formas de escritura japonesa.

En concreto, hi/nichi, el kanji que enlaza con el concepto "sol/día", se construye, según me comentara la profesora de calígrafa japonesa, escritora y estudiosa de la cultura nipona, Teresa Herrero, con los mismos acentos gráficos y dirección del trazo con que Chillida construyese su monograma en busca de la síntesis de las letras de su nombre.

Por todo ello, cuando encontré aquel viejo gramil en el desván de mi suegro Ramón, vi la escultura, el signo, y quise rescatarlo de entre el resto de objetos mutilados o en espera de ser reparados y darle una nueva vida.

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