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El ascensor
La urbanización de Los Altos del Raso fue de las primeras que se erigió con uno de esos modernos ascensores que recorrían sus diez pisos a gran velocidad.
Era una comunidad que nació como cooperativa, moderna y bien avenida: 4 vecinos por planta. Y económica en sus gastos comunes: 10 taytas al mes.
Tras los primeros años, las derramas llegaron y le tocó el turno al ascensor. El presidente de turno, el Sr. J, lo mejoró dotándolo de intercomunicador y un servicio de iluminación de emergencia muy eficiente. Pensó que su labor bien valía cobrarle al proveedor "T" un poco más y dividírselo entre los dos. Nadie notó nada, el pago de la comunidad ascendió a 12 taytas pero estaba más que justificado.
Al cambiar la presidencia, el Sr. J y "T" pensaron que perderían con ello la oportunidad de generar ganancias y optaron por convencer a la nueva presidenta, la Sra. K, de repetir la jugada con nuevas mejoras en el ascensor, nuevas subidas y nuevas divisiones del botín. A los vecinos no les pareció bien más mejoras puesto que ya funcionaba todo perfectamente; los confabulados pensaron entonces otro plan.
Los hijos de la Sra. K tenían unos amigos bastante osados y, por poco dinero, se encargaron de ir deteriorando el ascensor con actos vandálicos. Esto no sólo hizo que el ascensor tuviera que ser reparado varias veces sino que abrió una nueva vía de enriquecimiento. En pos de una mejor seguridad, la comunidad decidió pagar un servicio de vigilancia para protegerse de los delincuentes. Por 19 taytas al mes, el ascensor estaba impoluto y la comunidad a salvo con el nuevo vigilante, un cuñado de "T".
Pero al dejar de recibir su dinero, los amigos de los hijos de la Sr. K se tomaron la revancha y, en la noche de libranza del cuñado de "T", quemaron el ascensor.
Aquello supuso tal golpe económico para la comunidad que los vecinos de la primera y segunda planta optaron por no participar en la reforma, ni por supuesto en la utilización, del nuevo ascensor. Así, aquellos que tenían que seguir utilizándolo pagaban ya 25 taytas al mes entre comunidad y pago de la nueva instalación. Era una situación muy delicada para los de menos ingresos.
El nuevo presidente, Mr. H, íntimo del director del banco "P", pensó que se podía mitigar esa carga económica si pedían al mismo un crédito. Y así lo hicieron. Los vecinos pagaban ahora 20 taytas al mes, algo menos que antes, aunque estaban comprometidos a pagar esta cantidad por mucho más tiempo. Mr. H recibió un crédito en inmejorables condiciones por parte del banco "P" por su labor de intermediación.
Por su parte, la Sr. K reclamó en una reunión de comunidad que podría estudiarse qué vecinos usaban más el ascensor y que de alguna manera esto se compensara con un tayta extra al mes por aquellos que más lo utilizasen. La medida triunfó en las plantas medias pero creó un gran malestar entre los que más lo utilizaban, normalmente los de plantas superiores. La planta décima y parte de la novena quedó vacía.
Esto encareció de nuevo el precio de la comunidad. Dos vecinos de la planta primera que habían tenido problemas de movilidad también cambiaron de edificio pues ya era imposible utilizar el ascensor pagando los 28 taytas que les hubiera correspondido pagar por los sistemas de seguridad, el ascensor nuevo, el crédito al banco "P", los gastos de mantenimiento y el extra de utilización.
JJ, el hijo del Sr J, que había estudiado mucho, fue capaz de comprender cómo se había producido el problema y convocó una reunión para aclarar las cosas: reclamar la mordida de su padre, despedir a "T" y a su cuñado, eliminar el plus de utilización, denunciar a los amigos de los hijos de la Sra. K y hacer del ascensor un servicio eficiente.
La reunión fue un éxito y ahora el ascensor es controlado por Mr. JK, un administrador ajeno a esta comunidad tan caótica; él corre con todos los gastos de mantenimiento y actualización de las instalaciones y los vecinos pagan de comunidad sólo 18 taytas. Eso sí, cada vez que suben deben introducir en la ranura preparada para la empresa medio tayta, que no es mucho para lo bien que van ahora las cosas.
Actualización:
Hace pocos días, supe de la marcha de la comunidad de Los Altos del Raso. Ya sólo quedan 20 vecinos en el edificio, el ascensor no funciona, el vandalismo ha tomado el portal y la Sra. K, sus hijos, sus amigos, el mecánico "T" y anteriores presidentes viven ahora en unos chalets no muy lejos de allí. Se había convocado una reunión de urgencia para retomar la situación pero creo que coincidía con la final de "Mate al Chef" y se ha postergado. Intentaré acudir si puedo.
Hormigas
En ese pequeño apartamento vivían cuatro hermanos y cerca de diez mil hormigas; y creciendo. El problema había llegado a tal dimensión que, una noche de viernes, frente a los restos de pizza y patatas fritas de la cena que los insectos empezaban ya a catar decidieron tomar una decisión.
Luis proponía utilizar una mezcla de polvos de talco y vinagre para matarlas.
Pablo mantenía que eso no mataba a las larvas y que lo mejor era reunir entre todos la cantidad de dinero suficiente para contratar el servicio profesional de un exterminador de plagas.
Carmen no podía contribuir con tal cantidad de dinero ni veía eficaz el remedio casero con lo que su opción era comprar los kits antihormigas de las droguerías y probar.
Enrique declaró que estaba tan harto del tema de las hormigas que comunicó su intención de cambiarse de apartamento, aunque todos sabían que su posición económica lo impedía; además, no creía en ninguna de las soluciones de sus hermanos: sospechaba que Pablo en realidad buscaba la comisión del profesional y ofrecer, si esto llegaba a éxito, los mismos servicios a la comunidad y cobrar también por ello; intuía que Carmen no llegaría a pagar ni los kits de la droguería y él se vería en la tesitura de poner algo más de lo convenido. Finalmente, mantenía con Luis tal grado de rivalidad que no le habría seguido, hubiera dicho éste lo que hubiera dicho.
¿Te identificas con alguno de los hermanos?
Ahora cambia hormigas por los problemas que más acucian nuestra sociedad. Sustituye la cena por esta convocatoria de elecciones europeas y piensa en Luis como un activista vecinal que no va a votar, en Pablo como un votante de fuerzas mayoritarias y en Carmen como una comprometida militante y decidida a votar a fuerzas minoritarias. Enrique no vota ni trabaja por cambiar su entorno.
Sí, puedes entender que te he metido en una trampa, pero tú decides si seguir con el juego o no. Si lo sigues, intenta contestar:
¿Cuál de los hermanos comparte tu posición frente a estas elecciones?
Si lo hay, ¿coincide con aquel con el que te identificaste al principio?
¿Se te ocurren otras posiciones, otros personajes?
Where is Shakespeare?
"Where is Shakespeare?", iniciativa planteada como una sucesión de itinerarios hipertextuales para la adquisición de conocimiento, ha sido seleccionada por la Universidad Rey Juan Carlos para su Vivero de la Imaginación y se presentó el pasado 1 de abril en Ecocreativa Emprende 2014 en el marco de su Máster en Economía Creativa.
Las premisas del proyecto son:
- entender que el texto convencional ha dado ya paso al texto Red (articulado hipertextualmente, conectado con la cultura participativa, ubicuo y en el cual convergen ya todos los medios),
- la búsqueda de territorios narrativos híbridos
- y que la adquisición de conocimientos puede realizarse a través de una deriva mínimamente dirigida y articulada a través del juego y la superación de retos.
Uno de los itinerarios, el primer y más corto de los que componen este viaje experimental, puede seguirse en grupo a través del beta en linkedin, o desde facebook. Pero también puedes iniciarlo sin pensar en compartirlo con nadie y, entonces, te bastará saber que, como todo viaje, empieza en un mapa y que ahorrarás mucho tiempo si conoces el día de la semana en que murió el dramaturgo.
Si lo iniciáis, espero que os resulte un viaje agradable y enriquecedor.
Otros enlaces:
En la entrevista publicada en la UOC sobre el tema se muestran de manera más clara las claves que animan el proyecto.
En el canal de Slideshare de Ecocreativa Emprende + Vivero de la Imaginación aparecen los materiales gráficos utilizados en la presentación
www.whereisshakespeare.org
Clarinetista conectado
Ocurrió en un junio abrasador de 1954, hace ahora casi un siglo. Por aquel entonces, el agitado centro de Nivealand bullía de pequeños locales donde bandas recién creadas o veteranas sin mercado animaban la noche con todo lo que daba de sí su repertorio.
The Lamp era uno de aquellos locales y Wayne Cool Clamps una de aquellas bandas surgida por el desparpajo de dos jóvenes creadores del medio oeste y dos reenganchados a la música después de sucesivos encontronazos con todo aquello con lo que puede estamparse un músico de tanto talento como poco éxito.
Llevaban casi una hora tocando, sudando entre los focos de papel celofán rojo y el ronroneo de los que esa noche llenaban The Lamp –más por la fama de su ginebra barata y el estatus de rincón de culto que por escuchar especialmente a la nueva banda– cuando Andy Rooney, vocalista y uno de los dos jóvenes atrevidos que lideraban la formación, empezó a presentar a los integrantes de la Wayne Cool Clamps, dejando a cada uno el típico momento para realizar un solo que diera cuenta de los virtuosismos musicales individuales: primero, Wilfried el "Purr" estuvo golpeando su batería hasta que los aplausos rompieron y su cara devolvió el reconocimiento con un gran sonrisa que apagó con el sorbo a una botella de color indefinido; tras él, Andy presentó al pianista Wayne Cool, el verdadero profesional de la banda, el más reconocido y el que, pese a su presente en decadencia, aún guardaba un pasado cargado de gloria; estuvo cerca de dos minutos rememorando estribillos de viejos éxitos para pasar de nuevo a marcar los acordes de la canción de la que partía cuando fue presentado, acompañándole los aplausos en casi todo ese tiempo.
Ya sólo quedaba Pierre Paolo, veterano como Wayne, pero con un pasado tan decadente como su presente, desconocido por su condición de músico de estudio, aunque lo fuera de figuras de la talla de Silvino, The Gates o Steve Works. Fue al que Andy anunció con menos énfasis y con el único por el que no dejó de agitar sus maracas aunque esperaba que iniciase inmediatamente su solo.
Y Pierre empezó a tocar, lenta, lastimosa y pesadamente, una melodía sureña de mediados de los años 20 que sorprendió al público por la falta de sintonía con el setlist de la banda y que hizo que los aplausos intentaran zanjar el momento del clarinetista y reiniciar el del grupo; pero Pierre no sólo no se dio por enterado sino que fue deconstruyendo la rancia melodía hasta reconvertirla al marcado swing del momento, bajando y subiendo escalas, creando disonancias, fraseando varias notas en cada pulso y evolucionando su cuerpo entero con las espirales armónicas de su música.
Llevaba ya cinco minutos tocando y un incrédulo Andy quiso cogerle del hombro para devolverle al The Lamp –todos empezaban a ver claro que Pierre estaba en cualquier otro sitio menos allí–, pero ni el achuchón del vocalista ni el vivo ajetreo que se iba formando en el local parecía importarle. Dio un pequeño paso al frente y empezó a mezclar fragmentos de hitos del jazz con palos flamencos, apuntó hacia los melismas del flautista búlgaro Ryan Evra y estribillos como el de Come to my door de José James, melodías de genios del pop como Ridley Tea o The Wrops y de bandas sonoras de míticas películas como Talk Talk, Leyendas de la Ciudad sin Horizonte o Lioléi; la velocidad con la que pasaba de uno a otro ámbito musical era vertiginosa y decidida, agresiva.
De todo esto no se daba cuenta nadie en ese momento; en primer lugar, porque muchos de esos fragmentos de grandes canciones aún no habían sido compuestos por solistas y grupos que nacerían lustros más tarde; y en segundo lugar, porque la excesiva duración de la interpretación y el estilo que estaba tomando –estuvo cerca de veinte minutos imitando el efecto de scratch sobre un disco de rap con el clarinete– había dividido a los que allí estaban entre los que reían incrédulos, se violentaban haciendo aspavientos y los que escuchaban extasiados, aun soportando el enorme peso que la música empezaba a acumular, no estando por esa razón ninguno de ellos capacitados para analizar qué demonios era lo que estaba realmente tocando el clarinetista.
La propia banda se había refugiado tras la puerta entreabierta del camerino donde sus miembros observaban, alucinados, como Pierre estaba totalmente desatado, congestionado por el esfuerzo, intentando que cada nota iluminara una obra desconocida, de proporciones cúbicas, telúricas y universales.
Cinco horas y media después, justo cuando la policía local de Nivealand llegaba para intentar bajar de allí al chiflado del clarinete y se abría paso entre los que habían estado allí desde el principio y los que había acudido avisados del evento, Pierre Paolo dejó de tocar, separó el instrumento de su boca y cayó desfallecido.
Los Wayne Cool Clamps siguieron durante un tiempo por los locales de Nivealand llegando incluso a ser, durante dos campañas de verano, el grupo interino de la sala Magic Black del casino Gran Faustus; su llama se apagó no mucho más allá del otoño del 62.
Pierre, simplemente, desapareció; después del suceso dejó la formación y no se volvió a saber más de él ni su clarinete hasta los años 90, ya en su vejez y ocaso, con motivo de una entrevista a "Viento del Sur", una humilde revista local de jazz y anuncios clasificados de cursos e instrumentos: en ella, Clara Ferguson, después de un aburrido preámbulo de itinerarios vitales y musicales, le espeta sobre el solo de la noche del 54 en el The Lamp, respondiendo él con excusas desordenadas y confusas, sin fundamento.
Recibiendo al Paraíso
Pasaron por el barrizal, que en aquella tarde las lluvias de la mañana habían formado, sin ensuciarse. A cada gol recibido, Requena nos recolocaba en la esperanza que, tarde o temprano, el tejido cambiante que dibujábamos en el campo alcanzase a parar el ataque fulminante, coordinado y perfecto del equipo del Barrio del Paraíso.
Así, pasamos a defender con cinco tras el primer gol; Gulas se unió a la defensa después de encajar el segundo; yo bajé a la media y Pedrito se quedó arriba por si, con suerte, le llegaba el balón; tras el tercero, Requena debió pensar que en el caos podría hallarse la solución y volvimos al 4-4-2 pero con Nicolás y el Gitano intercambiándose las bandas y juntando líneas de tal manera que en cada uno de los siguientes cinco goles –recibidos–, todo nuestro equipo participó activamente.
Diez goles nos metieron en la primera parte y podrían haber sido una docena los que hicieran en la segunda, pero su dimensión era tan grande y estaba tan alejada del resto de equipos que, en un acto de generosidad y docencia, el resto del partido lo pasaron logrando estrepitosos fallos –perfectamente coreografiados– a la hora de marcar. Calzaron once postes, tres largueros, cuatro chuts altos a bocajarro e, incluso, dejaron que la única pelota perdida que oliera Pedrito entrase en su portería, mostrándose por ello fingidamente afligidos y resignados. Cuando acabó el encuentro, alzaron los brazos con ímpetu para darnos a entender que festejaban una victoria muy trabajada y nos ofrecieron su mano tan alegre como educadamente habían jugado.
Les vimos alejarse, como flotando, en una furgoneta azul metalizada mientras nos calaba la lluvia; así acabo todo y empezó la liga: últimos.




