23 de septiembre de 2011

Literatura 3.0

Andaba pensando en cómo materializar un experimento de literatura 2.0, una obra que respondiese a las nuevas posibilidades de consumir un contenido literario: multiformato, es decir una obra líquida que se adaptase a cualquier dispositivo, adaptable acualquier soporte y formato; discontinua o, mejor, no secuencial ni en su lectura ni en su acceso; sincronizada desde cualquiera de los distintos dispositivos usados; multimedia, en el modo de abarcar las mayores posibilidades de nuestros sentidos y percepciones; y social, como no podría ser ya de otra manera una vez que hemos vuelto a tomar la plaza de la comunidad para comentar, cotillear, votar, recomendar...

Se me ocurría, visto los fracasos de mis anteriores intentos de narración digital, "El tesoro olvidado al viento" y "Caleidoscópica te quiero", el proponer la comunicación directa, vía redes sociales, de los posibles lectores con el personaje de ficción. Es decir, saltarme todas las cadenas de valor del mercado editorial convencional (autor, editorial, plataforma de distribución, librería) y hacer hablar al personaje de la trama con el lector, convertido según avanza la ficción en autor-personaje del argumento ya que, semanas después de interactividad entre lectores y personaje, se habría creado un rico magma narrativo donde las fronteras entre realidad, virtualidad y ficción se irían poco a poco difuminando. Las disciplinas artísticas quedarían también desdibujadas desde el momento en el que la persona que daría voz (escribiría) al personaje, el autor, podría ser tomado en realidad por actor, y el hilo de comunicaciones en red, una suerte de perfomance o, incluso, función de continua improvisación teatral; este efecto se vería amplificado con las posibilidades de video-conferencia y demás recursos infográficos que podrían formar parte de la trama.

Pensando en esas premisas, me pudo la ambición: ¿y por qué no provocar una ficción coral dedicada a un único lector? Es decir, dada la posibilidad de ir trabajando un cluster dentro de la red compuesto en su totalidad por personajes de una ficción narrativa digital, por qué no lograr encajar en esa madeja a un individuo ajeno a la trama, o mejor un buen número de ellos, que disfrutasen con la inmersión en esa literatura digital; si podemos seguir denominando esa experiencia así porque, poco a poco, el asunto se acercaría más al concepto de videojuego.

Después de tanto darle vueltas, esa misma noche y ante el telediario, escuchando como la deuda subía y la bolsa bajaba (bajaba a mayor velocidad que esos satélites descontrolados y con alta probabilidad de caer sobre una patera del Mediterráneo); de observar como unos dimitían, otros reclamaban, denunciaban, se morían, renacían, se mataban, se cobraban, no pagaban, mentían, se indignaban, recortaban y demás; con ese despliegue de colores, de acción, de requiebros a cual más inverosímil y desconcertante... en fin, esa misma noche descubrí que hace tiempo que disfrutamos de la Literatura 3.0, una literatura donde los Media son indudablemente el dispositivo y los distintos conjuntos de poder de geometría variable, los autores-actores mal avenidos de una trama que coloca al lector como el eterno protagonista; tanto es así que, cuando la obra es mala, quien recibe los tomates en este nuevo escenario 3.0 es precisamente él.

Mejor dejarse llevar.




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