8 de enero de 2010

Cotrabajo, coworking

Hemos amplificado nuestras posibilidades de conexión con los otros a niveles que aún no podemos analizar con perspectiva. Si a esto le unimos que la inmersión en la tecnología demanda cada vez más de una cualificación multidisciplinar y especializada al mismo tiempo, casi imposible de asumir por una sola persona, resulta entonces lógico que la cultura del proyecto pueda y deba ya desarrollarse a través de equipos de trabajo que se dimensionan y unen según los casos y la solución propuesta.

Además, hay un matiz de sostenibilidad y ahorro interesante: compartamos espacio de trabajo, aquí y en cualquier parte del mundo, compartamos recursos y creemos sinérgias, herramientas y, sobre todo, conocimiento. Y hagámoslo sin comprometer mucho nuestra autonomía individual.

Son primerísimas impresiones de un leve contacto con el fenómeno del coworking. Me atrae y, por la velocidad con la que nuevos espacios y propuestas afloran en las ciudades, creo que pronto será una alternativa al modo de trabajar al que estamos acostumbrados. En el fondo, supongo que es cambiar del clásico "yo gano por medio de lo que pueda arrebatarte, te deje a ti como te deje" a "ganando todos, yo salgo ganando"; esta idea que parece tan lógica, aplicada en política, no suele entenderse tan fácil.

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