11 de mayo de 2012

Teletransportación

Hace unos años, encontré este mensaje en el interior de uno de los huecos de un ladrillo:
 
Empecé a escribir porque me divirtió descubrir que, según avanzaba la escritura por el papel, se deshilachaba mi ropa. Me asustó sin embargo más tarde comprender que, tras las palabras escritas, se iba también mi piel y  hasta las capas de tejido superficial de los músculos. Pasado el miedo, ya no pude parar y, en estos momentos, resta de mí tan solo una fina hebra de conocimiento y memoria, una fina hebra que se desprende al mismo tiempo que acaba esta frase.

Hoy lo he vuelto a leer; despacio, pausadamente; y a medida que leía repetidamente sus palabras, un fino tejido ha empezado a envolver mis ropas. Quizás me equivoque, pero empiezo a notar que es mi propia piel la que está cogiendo otro color y textura. Pero ya no puedo parar de leer.



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