5 de abril de 2010

Informacionalismo y sociedad Red

Comparto ahora alguna de las reflexiones que voy aportando en el marco de las actividades del máster oficial en Sociedad de la Información y el Conocimiento de la UOC. En este caso, se trata de un breve acercamiento a los conceptos de Informacionalismo y sociedad Red, a la luz de la lectura del libro "La sociedad Red: una visión global" de Manuel Castells.

El tiesto no es la planta
Un caso real que puede ilustrar las diferencias e imbricaciones entre los conceptos de Informacionalismo y sociedad Red es el de las críticas que obtuvo la iniciativa del gobierno español al anunciar la intención de equipar con pizarras digitales las aulas de educación obligatoria, proporcionando además, para cada uno de sus alumnos, ordenadores portátiles.

En aquel entonces, la medida se estimó simplista en el sentido que ponía como protagonista del giro hacia políticas progresistas de innovación y progreso a la implementación de infraestructura tecnológica, en lugar de propuestas de más hondo calado cultural, organizativo e institucional.

Parece lógico: si bien la sociedad red se apoya en el paradigma tecnológico que ha supuesto el uso de la microelectrónica (Informacionalismo), ese sustrato no es suficiente para hacer aflorar por sí solo nuevas formas de estructuras sociales (sociedad Red en este caso). El Informacionalismo es el humus sobre el que podría haberse desarrollado unas u otras organizaciones sociales. De hecho, las diferencias de percepción como sociedad Red de los distintos ámbitos geográficos y políticos no parecerían estar basados tanto en la implantación de los emergentes modelos tecnológicos de la información y la comunicación como en la manera en que estos han sido acompañados, en su más reciente historia, por las distintas especificidades sociales y culturales.

Para intentar situar de alguna manera objetiva el grado en que España participa de esa sociedad Red, me parecía interesante empezar observando su posición en los indicadores con los que Castells analizaba casos como los de Estados Unidos y Finlandia. En la lista de desarrollo tecnológico elaborada por la ONU aparece más allá de la posición 30, muy similar al lugar que ocupa en la lista de economías competitivas del Foro Económico Mundial, aun con un índice de desarrollo humano muy alto (0.955). Sin ser suficientes estos datos para describir el grado en que España participa de esa piel de cebolla que acaba siendo la sociedad Red, sí parece claro que aún adolecemos del protagonismo de la innovación como fuente de crecimiento productivo y de la necesaria apertura institucional ante los emprendedores, conceptos ambos que sí marcarían el peso de nuestra sociedad respecto al resto.

Con todo, y aun teniendo en cuenta esos brillos de interacción horizontal que parecen disipar las redes convencionales de poder, la sociedad Red no ha prometido venir a salvarnos o a distribuir los derechos fundamentales a todos los ciudadanos del mundo; más bien se me antoja sigue siendo lo que fueron otras estructuras sociales con anterioridad, con la mayor potencia nunca disponible para tomar cualquier camino, eso sí, pero gobernada con los valores y prioridad de objetivos que han venido ocasionando exclusión y pobreza. ¿Progresamos, avanzamos?
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